Hace unos dias el bloguero Teófilo comentó en su blog lo siguiente, al hablar de la muerte de su perrita:

Nuestra fe católica contesta negativamente la pregunta si algo en los animales sobrevive a la muerte porque estos, aunque reflejan la perfección de Dios y su semejanza, no cargan su Imagen, el imago Dei. Los animales carecen de almas espirituales y por lo tanto no van al cielo.

Entonces hoy leo en otra entrada de su blog que él acepta la teoría de la evolución. Rápidamente la palabra contradicción resalta.

Si asumimos que Dios creó las primeras formas de vida, y que éstas evolucionaron hasta todo lo que está vivo hoy dia, no hace ningún tipo de sentido pensar que nosotros, a pesar de haber evolucionado de formas de vidas anteriores, somos especiales y por esto Dios nos dio almas espirituales mientras que a todos los seres que vinieron antes que nosotros no. Esto indicaría que Dios tuvo alguna preferencia con nosotros, lo que a su vez inhabilita el creer que nosotros, en igualdad a todos los demás seres vivos que han existido por mucho mas tiempo que nosotros, llegamos a lo que somos hoy en dia por evolución.

No puede haber selección natural si existe sobre todo una selección divina.

Que idea tan egoísta el pensar que somos especiales sobre los demas seres vivos, cuando bien podríamos desaparecer de la Tierra y todo seguiría su curso normal sin nosotros. Al morir igual nos descomponemos nosotros como se descomponen los perros o cualquier otro animal, no nos descomponemos con olor de lavanda porque somos muy especiales para apestar como otro animal. Y si Dios en su infinita gracia decidió que los animales apestaran al descomponerse, y a nosotros nos pasa igual, pecaríamos grandemente al retar el deseo de Dios de que esto sea así y pensar que somos distintos y superiores a ellos, cuando el decidió crearnos iguales.

Si nosotros apestamos cuando morimos y tenemos alma, los animales deben ser iguales. Por obra de Dios.