La falsa coraza.

enero 4, 2009

Sentir, no es más que el antídoto a la anestesia que es ser un indiferente.

Hay abatimientos del alma por debajo de toda la angustia y de todo el dolor; creo que no los conocen sino los que se hurtan a las angustias y a los dolores humanos, y tienen diplomacia consigo mismos para esquivarse al tedio propio. Reduciéndose, así, a seres acorazados contra el mundo, no es de admirar que, en determinado momento de su consciencia de sí mismos, les pese de repente la coraza, y la vida sea para ellos una angustia alrevés, un dolor perdido.

Tengo más sueño íntimo del que cabe en mí. Y no quiero nada, no prefiero nada, no hay nada a donde huir.

Hay sensaciones que son sueños, que ocupan como una niebla toda la extensión del espíritu, que no dejan pensar, que no dejan hacer, que no dejan claramente ser.

No es tedio lo que se siente. No es pena lo que se siente. Es un deseo de dormir con otra personalidad, de olvidar con aumento de sueldo. No se siente nada, a no ser un automatismo acá abajo, que hace a unas piernas que nos pertenecen que lleven golpeando el suelo, en una marcha involuntaria, a unos pies que se sienten dentro de los zapatos. Ni quizás se siente ésto. Alrededor de los ojos, y como dedos en los oídos, hay un ahogo de dentro de la cabeza.

Sí, no se siente nada. Se pasa conscientemente, sólo durmiendo con la imposibilidad de dar al cuerpo otra dirección, la puerta por la que se debe entrar. Se pasa todo.

– Fernando Pessoa

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