Iglesia y Estado.

enero 27, 2008

La única forma de garantizar la separación Iglesia y Estado es mediante la creacion de un Estado ateo. Si el Estado está basado en la negación de la existencia de un Dios, se garantiza totalmente la separación del Estado y la Iglesia, ya que la Iglesia representa algo negado por el Estado, y por ende no tiene cabida en él.

Ante la falta de evidencia concreta que pueda demostrar de manera científica la existencia de un Dios, el Estado no tiene porque aceptar la idea de Dios, ya que estaría dando por cierto algo que es, en términos concretos, una mera especulación. Y un Estado no puede actuar sobre todos sus ciudadanos basado en una mera especulación. El Estado tiene que basarse en lo que se conoce a ciencia cierta que es real, ya que sus habitantes son igual de reales. El Estado no actúa sobre entes misteriosos y de dudosa existencia, actúa sobre humanos. Por lo tanto, no se puede gobernar a humanos bajo pretextos ajenos a la realidad física de ellos y del mundo que los rodea.

Si el Estado se va a basar en especulaciones, bien podría decir el Gobernante que está dirigido por las voces que le hablan cuando duerme; esa tarea debe ser reservada solamente para los líderes religiosos.

La libertad de culto es una parte más de la libertad de expresión, y como tal debe ser totalmente respetada por el Estado. El Estado no debe inminscuirse en el culto de los ciudadanos, pero igual el culto no debe inminscuirse en los asuntos del Estado. En un Estado basado en las verdades que son relevantes a la realidad fisica de los habitantes y del mundo que los rodea, la creencia de algún grupo de ciudadanos no puede usarse para regir la vida de todos los ciudadanos. En un Estado basado en verdades cientificamente corroboradas, no puede haber espacio para que meras especulaciones determinen las reglas que afecten a TODOS.

Cada cual debe ser libre de creer en lo que desee, pero solo aquellas verdades que son innegables deberían ser la base para las reglas que apliquen sobre todos los ciudadanos.

Todos los humanos necesitamos oxígeno para vivir, esto es una verdad cientifica y que gobierna nuestras vidas. El que no obedece ésta verdad, muere. Ésto es una verdad innegable. En cambio, nadie se ha muerto por no creer en Dios; Dios no es ni una verdad innegable ni una condición absoluta necesaria para la vida de los humanos.

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Aníbal es un pendejo.

enero 24, 2008

Cuando yo pensaba que Aníbal Acevedo Vilá no podía ser mas cobarde, sobrepaso mis expectativas. Según informa El Nuevo Dia, Aníbal dijo que de aprobarse la propuesta de referéndum para elevar a rango constitucional el matrimonio entre hombre y mujer, él la firmaría.

El gobernador Aníbal Acevedo Vilá confirmó hoy que de lograrse las 2/3 partes de los votos en la Legislatura para aprobar la propuesta de referéndum para elevar a rango constitucional el matrimonio entre hombre y mujer éste estaría dispuesto a firmar la ley habilitadora.

Aníbal, que bajo has caído. No tan solo te prestas para firmar una propuesta que implantaría algo discriminatorio contra un sector de la población, sino que también le firmarías una ley a la misma Legislatura que todos los dias lloriqueas de que no te quiere evaluar posibles nombramientos a tu Gabinete, y que no le da paso a tus supuestas medidas de desarrollo que convertirían a Puerto Rico en el paraíso tropical donde baila Cristo. Ahora, en cambio, te prestarías para que ésto se convierta en el paraíso de los cristoides.

La Legislatura no implantó el mandato que dió el Pueblo sobre la Unicameralidad, y ahora le ries las gracias, dispuesto a firmarles una Ley que atenta contra los derechos básicos de una sociedad.

Sigue así, vas por el camino perfecto para que Rosselló pueda Gobernar en el 2009, y Puerto Rico se vaya por el inodoro al cual tú no tuvistes los cojones de cerrarle la tapa.

Aquí un fragmento muy interesante del libro “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa.

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Una de mis preocupaciones constantes es el comprender cómo es que otra gente existe, cómo es que hay almas que no sean la mía, conciencias extrañas a mi conciencia, que, por ser conciencia, me parece ser la única. Comprendo bien que el hombre que está delante de mí, y me habla con palabras iguales a las mías, y me ha hecho gestos que son como los que yo hago o podría hacer, sea de algún modo mi semejante. Lo mismo, sin embargo, me sucede con los grabados que sueño de las ilustraciones, con los personajes que veo de las novelas, con los personajes drámaticos que en el escenario pasan a través de los actores que los representan.

Nadie, supongo, admite verdaderamente la existencia real de otra persona. Puede conceder que esa persona esté viva, que siente y piense como él, pero habrá siempre un elemento anónimo de diferencia, una desventaja materializada. Hay figuras de tiempos idos, imágenes espíritus en libros, que son para nosotros realidades mayores que esas indiferencias encarnadas que hablan con nosotros por encima de los mostradores, o nos miran por casualidad en los tranvías, o nos rozan, transeúntes en el acaso muerto de las calles. Los demás no son para nosotros más que paisaje y, casi siempre, paisaje invisible de calle conocida.

Me parece que sería interesante vivir la vida teniendo en todo momento en cuenta que las demás personas son como uno, y que en general podríamos ser como una vida gigantesca, una suma de cada una de las vidas. Tener una noción de que cada uno no es sino lo mismo que el vecino, y que sus experiencias podrían ser muy bien las de uno, y entonces la vida de uno podría ser muy distinta a lo que es.